miércoles, 24 de agosto de 2011

La hora 25 ¿qué hora tiene?

La hora 25
¿Qué hora tiene?

Por *Sergio Lugo/ Columna “ Red Social Club”.
Publicado en la revista “Con Taxco” el 8 de agosto del 2011.

*Político de izquierda, promotor cultural y periodista de Taxco.

A continuación presento un poema titulado “La hora 25” del autor Víctor Jaen, un sacerdote católico –nicaragüense-mexicano-; parte de su obra “Tributo al amor mutilado” (cuando nos toca el amanecer), que desde su visión religiosa, hace una crítica a las instituciones eclesiales, políticas, militares… Es adecuada en esta actualidad, puesto que vivimos en una carencia de valores, éticos y morales, donde todo se ha pervertido, desde la casa del Señor hasta la casa del Patrón, así como la del General y la del Patriarca.


Amén!
Cada quien desde su posición filosófica le puede dar una interpretación, lo que es innegable es que casi todos alguna vez nos hemos sentido decepcionados de nuestros “prójimos” en quienes confiamos, llegando al grado de pervertirse, será imperativo mirar la realidad mexicana para entenderlo –aunque esta es una crisis de todo el orbe-.

“El burdel de los partidos” es el que mejor comprendo, en que vivo en lo cotidiano, en qué se han convertido esos institutos políticos, en la casa de la negociación, del pragmatismo, del no me importa cómo pero yo seré, en donde la vida privada la ocupan como pasaporte a la presidencia, apareciendo en revistas “del corazón” disfrazados de “demócratas”, como si ser de izquierda o de derecha, es el que tiene más raiting, más bien es el que genera más fondos financieros entre los dueños del capital, ¿hasta cuándo durará “el letargo de las conciencias? Será necesario sacudirnos el polvo de la avaricia y abrirle la puerta a los que vienen del brazo con el pueblo, no a los que imponen la agenda nacional de “la globalización mexicana de la mierdocracia” donde gana el hombre de saco y corbata, capaz de unir al Demonio con el Dios en nombre de la Santa Democracia, todo para ganarle al misionero descalzo que predica con el pueblo, a eso le llaman “Democracia moderna” porque son “civilizados”, capaces de garantizar estabilidad financiera y no provocar la polarización de la sociedad, son esos demócratas que bajan a algún casino de Las Vegas o restaurante de Polanco para gastar devotamente y civilizadamente –al estilo de la Francia napoleónica- en un parpadeo lo que un niño de una calle de Iztapalapa sin ver.


Pelele!
Esos esquiroles que ayer se enfrentaron al Cardenal, ahora en coalición demócrata –para ganarle al Pri-orato, le lavan la sotana al sacerdote, donde su recamara se nubla con humo electoral, le esperan en su cama, varias botellas vacías que ruedan en la alfombra, al igual que niños destrozados por detrás, es la hora de la adoración nocturna del yo, porque “soy gobernante para todos los especuladores”, esa es la simpatía por el diablo, del que ayer levantaba el brazo en contra del saqueo petrolero, hoy está bendecido con la sangre eclesiástica, no importan los abortos de la bestia, sino que en santo pecado, se reproduzcan las sanguijuelas que avientan “concerta-cesiones ” como agua bendita.

Pero afortunadamente los que no somos demócratas pero sí revolucionarios de la milpa del monte, donde habitan los campesinos, los tercos, inconformes, los legítimos, los peligros de siempre, fraguaremos el estallido de otro parto. Por cierto ¿Qué hora tiene señor demócrata?.


Tentación del carnal demócrata!
“LA HORA 25″
(Víctor Jaen)

00:00 a.m. Es la hora de la Adoración Nocturna,
el templo se ilumina con gases y fluidos corporales,
banderas, estandartes, distintivos, rituales.
Al otro lado, hay otros cuerpos en llamas,
la recamara del cura se nubla con humo de carrizo,
mientras cambia la película, le esperan en la cama,
varias botellas vacías ruedan en la alfombra.

Es la hora cuando el nombre de la Bestia es Cristo,
ellos lo saben, los de sotana, solideo y esclavina,
los de saco y corbata, esgrimiendo su Holy Bible;
ellos que bajan a algún casino de Las Vegas,
para gastar devotamente en un parpadeo
lo que un niño de la calle morirá sin ver.
Cuando tienen su liturgia el polvo de ángel,
la fiebre premonitoria, la adrenalina en la frontera,
la agonía del secuestrado, la piel seca por hambre.

Es la hora del negocio del terror,
hay luces encendidas en la Casa Blanca,
los generales confiesan su máximo anhelo
los ministros deben contestar el teléfono,
ellos abrirán las cloacas del infierno.
El Hijo de la Bestia ha izado su cola
para azotar una vez más la tierra.
La guardia pretoriana aceita sus espadas,
radios, televisoras, preparan palos y piedras,
rezan las aves de rapiña y los sepultureros.
Inexorable regresa desafiante el pasado,
mi pecado se adhiere como sanguijuela.

Es la hora del Dios de los Ejércitos,
lo proclama el aire envenenado
lo escribe cada herida radioactiva
lo pregona la fetidez de los ríos.
Lo hemos visto y lo hemos tocado:
el petróleo bendecido con la sangre
la podredumbre del imperio de la ley.

Es la hora del fraude electoral, el del banco,
un maletín se esconde bajo el asiento trasero,
una campesina es violada en un país extranjero,
un fraile recibe en su celda la visita no deseada,
mientras en una calurosa cárcel de Guantánamo
unos beben cerveza y otros respiran el destierro.
Una voz clama en los rascacielos:
¡corran, preparen el refugio!.
Y el único refugio será el infarto,
la navaja cortando las muñecas,
el disparo en la sien, la previa despedida,
el rompimiento del cuello o la sobredosis,
el autoexilio a la locura o las anfetaminas.

Es la hora del nuevo orden
el cabildeo ejecutor del genocidio
la globalización de la mierdocracia
el estupor por el cinismo belicista;
lo meditan en secreto los gusanos
de los cementerios clandestinos.

Se acicala el Democratizador
se afilan los tambores
se petrifican todas las banderas
se atizan las campanas
se glorifica el titanio reforzado
relinchan cuatro caballos,
Dios ha encendido el crematorio
Dios hará llover fuego.

Es la hora de la orgía con la Santa Muerte
la ubre de los coaligados mandatarios
la hora nona de los pueblos
la marca en la frente y el costado
la infalible herejía pontificia
el apostolado de la narcopolítica
el letargo en las conciencias
el burdel de los partidos políticos
el insomnio permanente,
reencarnó la gerontocracia imperial.

Anás y Caifás han vuelto a gritar:
“¡No tenemos mas rey que el Emperador!”.
En tanto, los tercos de siempre,
fraguaremos el estallido de otro parto.
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