martes, 16 de diciembre de 2008

Expropiación Minera (Ricardo Flores Magón)

Expropiación Minera
(Ricardo Flores Magón)




Sergio Lugo/ Red Social
Ricardo Flores Magón fue uno de los ideólogos de la Revolución Mexicana, fue gracia a sus publicaciones en su periódico Regeneración que miles de mexicanos y estadounidenses conocieron la miseria de nuestro país, gracias a eso millares de mujeres y hombres se levantaron en armas en contra del régimen represor de Porfirio Díaz. Para nosotros la Revolución inició con los levantamientos magonistas en septiembre de 1906 sobre todo en Coahuila. Sin embargo los burgueses nos hacen creer que Francisco Ignacio Madero fue quien inició la sublevación el 20 de noviembre de 1910. Claro a ellos les conviene hacemos creer que el levantamiento sólo era por Sufragio Efectivo,No Reelección, ese era el ideario de los ricos hacendados como Madero, que solo quería reformas democráticas. En cambio los hermanos Flores Magón, desde su Partido
Liberal Mexicano, exigían un cambio total, sobre todo en la etapa Anarquista de Ricardo, en la que no confiaba en Madero, pues el poder pasaba de unos ricos a manos de otros. Flores Magón quería un cambio de raíz. Pero los ideólogos de la revolución burguesa institucional se han encargado de borrar de los libros de historia el proyecto del oaxaqueño nacido casualmente un 16 septiembre de 1873 en San AntonioEloxochitlan, Oaxaca y muerto un 21 de noviembre de 1922 en una cárcel de Kansas,Estados Unidos: el inicio de la "Independencia" y comienzo de la "Revolución" -reformista-.
Recordemos que un hecho importante para el enfrentamiento contra Díaz fue después de la represión en Cananea, Sonora, con los mineros.
Precisamente ahora la historia se repite, en 2006 fue la explosión en la Mina de Pasta de
Conchos, Coahuila. Desde entonces los mineros han sufrido una serie de persecuciones y represiones por parte del gobierno federal del PAN, pues estos representan los intereses de la Industrial Minera México, empresa que solo busca el lucro monetario, sin importarle las condiciones de inseguridad y falta de higiene en que trabajan los obreros, con riesgos de enfermedades y muerte por accidentes. Como lo hemos mencionado en repetidas ocasiones, estamos con la base de los mineros, y defendemos sus derechos como trabajadores. Independientemente de sus líderes, promovemos su autonomía sindical e incremento de salario, para que tengan una vida digna.
Ahora el gobierno de Felipe Calderón busca desarticular el movimiento minero y acabar con su huelga como la de Taxco, Oro. Congelando las cuentas bancarias de todos trabajadores, incluyendo la de las mujeres indemnizadas por la explosión de Pasta de Conchos, así el gobierno cree que podrá asfixiar a los trabajadores, deteniendo a sus líderes por supuestos fraudes y lavados de dinero. Pero el gobierno miope de la derecha no se ha dado cuenta que varios movimientos como el de "La Defensa del Petróleo y la Economía Popular", "El magisterio en contra de la Alianza por la Calidad de Educación", "Los jóvenes universitarios zapatistas", "Los Campesinos" y "Los Mineros", tienen un enemigo en común: El gobierno panista de Calderón. -cada uno de ellos con sus diferentes matices y tácticas- pero al final una sola causa: la Liberación. Solo falta que alguien encienda la mecha, entonces como antes, como ahora, como es costumbre cada cien años, una Revolución.
Para todos ellos, y sobre todo ahora para los mineros que viven momentos difíciles, dedicamos este artículo del gran revolucionario Ricardo Flores Magón, el anarquista, que también se dio tiempo para escribir teatro. Él a pesar de que lo fueron pudriendo en la cárcel por su ideología, nos mantiene vivos y es un ejemplo para nosotros, porque al igual que José Martí, el oaxaqueño escribió con el corazón y gritó antes que Zapata:
Tierra y Libertad.

Expropiación
Ricardo Flores Magón

La noche anterior habíase reunido la peonada. Ya aquello no era vivir; los amos nunca habían sido tan insolentes ni tan exigentes. Era necesario que aquello acabase de una vez. El hombre que había estado conversando con ellos una semana antes, tenían razón: los amos son los descendientes de los primeros bandidos que, con el pretexto de civilizarlos, habían llegado en son de guerra, despojando de sus tierras a los indios, a sus antepasados, para convertirlos en peones. ¡Y qué vida la que habían arrastrado por siglos! Tenían que resignarse a aceptar maíz y frijol agorgojados, para su alimentación, ¡ellos que levantaban tan frescas y abundantes cosechas! ¿Se moría una res en el campo? Esa era la única vez que probaban la carne, carne hedionda ya; pero que el amo se hacía pagar a precios de plaza sitiada. ¿Había mujeres bonitas entre los esclavos? El amo y los hijos del amo tenían el derecho de violarlas. ¿Protestaba algún peón? ¡Iba a dar derechito al Ejército para defender el sistema que lo tiranizaba!
Hacía ocho días que había estado con ellos un hombre que ni se supo por dónde había llegado, ni se supo después por dónde ni cuándo se había ido. Era joven; sus manos, duras y fuertes, no dejaban lugar a duda de que era un trabajador; pero, por el extraño fulgor de sus ojos, se descubría que algo ardía tras de aquella frente, tostada por la intemperie y surcada por una arruga que le daba el aire de hombre inteligente y reflexivo. Ese hombre les había hablado de ésta manera: "Hermanos de miseria, levantad la frente. Somos seres humanos iguales a los demás seres humanos que habitan la tierra. Nuestro origen es común, y la tierra, esta vieja tierra que regamos con nuestro sudor, es nuestra madre común, y, por lo mismo, tenemos el derecho de que nos alimente, nos dé la leña de sus bosques y el agua de sus fuentes a todos sin distinción, con una sola condición: que la fecundemos y la amemos. Los que se dicen dueños de la tierra, la arrebataron a nuestros antepasados, hace cuatro siglos, cuando ocurrieron aquellos actos de incendiarismo, de matanzas al por mayor, de estupros salvajes que la Historia consigna con este nombre: Conquista de México. “Esta tierra es nuestra, compañeros de cadena: ¡tomémosla para nosotros y para todos nuestros descendientes!”
Desde ese día no se hablaba de otra cosas entre la peonada que de tomar la tierra, quitársela a los amos de cualquier manera. La cuestión era tomarla, levantar para ellos la cosecha, lanzar a los amos noramala y continuar los trabajos de la hacienda, libres ya de sanguijuelas. De ahí en adelante sería todo para los que trabajaban.
Desde entonces los amos notaron que los peones ya no se quitaban el sombrero en su presencia, y que había cierta digna firmeza en sus miradas: presintieron la catástrofe. Cuando el humilde levanta la frente, el soberbio los abate. El espíritu de rebeldía, por tantos años dormido dentro de los robustos pechos de los esclavos, había sido despertado por las sinceras palabras del joven propagandista. En los jacales se conspiraba. Reunidos alrededor de la lumbre, los campesinos y las campesinas, hablando en voz baja, discutían las palabras del joven agitador. “Sí, la tierra es nuestra madre común”, “y debe ser nuestra”; ¿pero cómo llegaremos a tenerla?, preguntaban los más irresolutos. “La pediremos al Gobierno”, aconsejaban los que pasaban por sensatos; pero los más jóvenes, y sobre todo las mujeres, protestaban contra esas resoluciones cobardes y votaban por emplear la violencia. “Recordad”, decían los más exaltados, “que cuantas veces hemos pedido justicia o hemos protestado contra alguna infamia de nuestros amos, el Gobierno ha tomado los mejores de nuestros hermanos para encerrarlos en los cuarteles y en los presidios”. Y entonces consultando su memoria, cada uno de aquellos hombres y de aquellas mujeres exponían ejemplos de esa naturaleza, que daban la razón a los exaltados. Se acordaban de Juan, que fue sacado de su jacal a altas horas de la noche y fusilado cuando apenas habían caminado media legua de las casitas, solamente porque no permitió al amo que abusase de su compañera. Los ánimos se enardecían al recordar tantas infamias pasadas y al comunicarse las presentes. Un cojo dijo: “Perdí mi pierna y mi brazo militando bajo las órdenes de Madero, y aquí estoy, cargado de familia y sin saber si mañana tendré para que mis hijos tengan un pedazo de tortilla que llevase a sus boquitas”. Otro dijo: “Hoy me ordenó el amo que matase las cinco gallinas que tengo en mi corralito, pues de lo contrario las tomará él para el corral de la hacienda”. Otro más expuso: “Ayer me dijo mi hija que el señorito la ha amenazado con hacer que su padre me mande a presidio si no le entrega su cuerpo”.
Desde entonces los amos notaron que los peones ya no se quitaban el sombrero en su presencia, y que había cierta digna firmeza en sus miradas: presintieron la catástrofe. Cuando el humilde levanta la frente, el soberbio los abate. El espíritu de rebeldía, por tantos años dormido dentro de los robustos pechos de los esclavos, había sido despertado por las sinceras palabras del joven propagandista. En los jacales se conspiraba. Reunidos alrededor de la lumbre, los campesinos y las campesinas, hablando en voz baja, discutían las palabras del joven agitador. “Sí, la tierra es nuestra madre común”, “y debe ser nuestra”; ¿pero cómo llegaremos a tenerla?, preguntaban los más irresolutos. “La pediremos al Gobierno”, aconsejaban los que pasaban por sensatos; pero los más jóvenes, y sobre todo las mujeres, protestaban contra esas resoluciones cobardes y votaban por emplear la violencia. “Recordad”, decían los más exaltados, “que cuantas veces hemos pedido justicia o hemos protestado contra alguna infamia de nuestros amos, el Gobierno ha tomado los mejores de nuestros hermanos para encerrarlos en los cuarteles y en los presidios”. Y entonces consultando su memoria, cada uno de aquellos hombres y de aquellas mujeres exponían ejemplos de esa naturaleza, que daban la razón a los exaltados. Se acordaban de Juan, que fue sacado de su jacal a altas horas de la noche y fusilado cuando apenas habían caminado media legua de las casitas, solamente porque no permitió al amo que abusase de su compañera. Los ánimos se enardecían al recordar tantas infamias pasadas y al comunicarse las presentes. Un cojo dijo: “Perdí mi pierna y mi brazo militando bajo las órdenes de Madero, y aquí estoy, cargado de familia y sin saber si mañana tendré para que mis hijos tengan un pedazo de tortilla que llevase a sus boquitas”. Otro dijo: “Hoy me ordenó el amo que matase las cinco gallinas que tengo en mi corralito, pues de lo contrario las tomará él para el corral de la hacienda”. Otro más expuso: “Ayer me dijo mi hija que el señorito la ha amenazado con hacer que su padre me mande a presidio si no le entrega su cuerpo”. Continuará…
(Tomado del periódico “Regeneración”, Número 68, 16 de diciembre de 1911)

Telaraña: El 22 de marzo del 2009, se presenta en el Palacio de los Deportes, D.F. La guitarra más sensual del Rock and Roll: Carlos Santana, en su gira por México./
El modulo de credencialización del gobierno Legítimo de México, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, estará todos los sábados y domingos en la Plazuela de San Juan, en Taxco, de 12 pm a 6 pm. Solo es necesario llevar credencial del IFE. www.redsocialclub.blogspot.com