domingo, 2 de mayo de 2010

Atzatziliztli, movimiento y vida

"Atzatziliztli, movimiento y vida"

Por Sergio Lugo/ Red Social/ Taxco.

Publicado en La Jornada Gro. el 2 de mayo del 2010.

"En la religión indígena contemporánea se percibe la presencia de los dioses antiguos. Para las comunidades indígenas de Guerrero, la Santa Cruz es invocada como nuestra santísima madre, concepciones que no tienen relación por lo menos aparentemente con la cruz cristiana, ni con los muertos, ni con la crucifixión. Es una cruz de agua, por eso la visten y la adornan de color azul, le dan de comer para que traiga lluvia y proteja los cultivos. Para los pueblos nahuas, mixtecos y tlapanecos, la cruz es una cruz agraria, es la representación del árbol de la vida, la simbolización de los relatos cosmogónicos nahuas que dieron origen a las cuatro deidades, identificadas con cuatro colores: rojo-Tezcatlipoca, azul-Tlaloc, blanco-Quetzalcoatl y negro-Huitzilopochtli. La cruz es el símbolo de los cuatro puntos cardinales y de los cuatro elementos de la vida: Tierra, aire, fuego y agua.”

Así lo percibe Marcos Matías Alonso, en su libro La agricultura indígena en . Plaza y Valdés editores. México. 1997, páginas 128 y 129. El libro es un estudio sobre la problemática de la agricultura en esa zona de Guerrero. Pero en un apartado menciona los rituales indígenas de la Montaña, que es donde me voy a centrar.

El Atzatziliztli: Petición de lluvia comunal, es una de la ceremonias más antiguas e impresionantes de Guerrero. Se realiza aproximadamente del 25 de abril al 5 de mayo, en lugares como Chilapa, Zitlala y Tixtla. Consiste en que campesinos y principalmente indígenas hacen rituales en montañas y manantiales para pedir que tengan buenas cosechas.

El antropólogo Matías Alonso, menciona la cueva de Oztotitlan (a 2 km de Acatlán, Chilapa), donde hay pinturas rupestres con iconografía olmeca, destacando una que representa la unión sexual entre el hombre y el jaguar y una más donde aparece el Tlacatl-Ocelotl: hombre-jaguar, simbolizando todo ello, el agua, la fertilidad y la vida.

El 25 de abril de cada año, se inician los preparativos para la bendición de semillas en sus montañas sagradas, en lugares como Acatlán, Zitlala, Aca-tliaca, Ayahualulco, Atzacoaloya, donde se ofrendan semillas y animales.

Días culminantes son los primeros de cada mayo, donde se hace Atzatziliztli en tres municipios de la montaña, los cuales los explica el ex diputado federal de esa zona, Marcos Matías:

Atliaca: “Da comienzo la peregrinación de los atliaquenses hacia Oztotempa (montaña sagrada que significa: en la orilla de la cueva) entre cantos y rezos…en ese lugar ya se encuentran los pedidores de agua y de la lluvia (atzatzilque) de los pueblos de San Agustín Oapan, Zotoltitlan, Huitziltepec, Apango y San Juan Tetelcingo… el piso queda tapizado de bolsitas de manta, pequeñas canastas de carrizo y recipientes de piel que contienen maíz, frijol, calabaza y mezcal.”

Zitlala: “Rezan, bailan en Cruzteco, en la cúspide del Tepehuehue… Aquí se reza la ceremonia principal, donde están enterradas las cuatro cruces de Zitlala, aquí se coloca el huentli (ofrenda): semillas, flores, cuatros gallinas negras, los cruztlacuentin (el vestido o tilma de las cruces). Los guajolotes son sacrificados en honor a la santa cruz, les sacan las tripas y las ofrecen a los cuatro puntos cardinales… piden que caiga lluvia (que se empiece a remojar la carne de la tierra).”

Acatlán: “Aquí participan tres figuras esenciales en el Atzatziliztli: El Tlacatl-Ocelotl. Para ser un hombre-Ocelotl se debe preparar física y mentalmente en el campo. Cuando dos Ocelotl, se golpean, no es violencia, sino que ello creen que entre más fuerte se pegan habrá lluvia”.

Los Quauhtlatlaztin “lamentos del Teponaxtle” o los ehecame (vientos), explica Matías, son una danza sagrada que simboliza el viento. O “Acohtlatlaztin”: el lamento en la parte alta o superior.” Ellos trotan por todo el monte con gran agilidad, en círculo, al mismo tiempo que alzan la cara y hacen una plegaria. Los Tlacololeros son los cultivadores de la tierra del Tlacolol.

Esto lo podemos sentir intensamente en Acatlán, el 2 de mayo en el Cruzco y el 3 en Comolian. Precisamente en ese último lugar mencionado, hace dos años, cuando asistí, entendí que: El Tlacololero se revuelca en la tierra para cortejarla y penetrarla; el ehecame es el viento, lleva el mensaje, esparce la semilla; el Ocelotl: fuerza y fertilidad, hace que truene y llueva. Esto funciona sólo cuando todo el pueblo da su ofrenda en comunidad: todos dan, todos reciben. Es el movimiento, el círculo de la vida. http://www.redsocialclub.blogspot.com/
Fotos: Todas tomadas de la página de Acatlan, Chilapa.